Ocio estival, ¿un derecho para todas las personas?

Con la llegada del verano, son muchsa las familias que recurren a campamentos urbanos para compaginar la vida laboral y persoal, un recurso necesario para toda la sociedad. Pero, ¿qué pasa con las niñas y niños con discapacidad? ¿Pueden acceder a las mismas actividades y oportunidades de ocio que el resto de sus compañeras y compañeros? ¿Disponen de apoyos necesarios para participar, relacionarse, divertirse...? ¿Juegan en igualdad de condiciones?

A día de hoy, continúan existiendo campamentos de verano que no reunen las condiciones necesarias para garantizar la participación de todas las niñas y niños. La falta de personal de apoyo, de accesibilidad física y comunicativa o de actividades adaptadas, limitan el acceso de menores a espacios de convivencia y diversión compartida.

COGAMI recibe cada año solicitudes de información, asesoramiento, orientación y denuncias de familias de niñas y niños con discapacidad que encuentran barreras a la hora de inscribirlos en actividades de ocio estival. En muchos casos, no pueden participar en igualdad de condiciones debido a la ausencia de apoyos adecuados, a la falta de formarción del personal monitos en atención a la discapacidad o porque las instalaciones y actividades no están adaptadas a sus necesidades.

Todas las administraciones, tanto a nivel local como provincial, autonómico y estatal, deben promover y garantizar las condiciones apropiadas que den respuesta a las necesidades de las niñas y niños con discapacidad, como por exemplo en el diseño de las actividades de ocio, formación de personal, implementación y evaluación de los campamentos promovidos por los ayuntamientos para garantizar su participación. 

La Xunta de Galicia ofrece plazas específicas para personas con discapacidad de entre 11 e 50 años en instalaciones accesibles como el Albergue Juvenil de Gandarío y las Residencias de Tiempo Libre de Panxón y de Carballiño. Un total de 250 plazas distribuidas en diferentes turnos entre mediados de julio y mediados de septiembre, con estancias de diez días.

Aunque esta iniciativa supone un recurso valioso, no da respuesta a las necesidades de menores de 11 años ni a las familias que apustan por un modelo de ocio inclusivo, en el que niñas y niños con y sin discapacidad compartan espacios, experiencias y actividades en igualdad de oportunidades.

“Cada vez que una niña o niño ve limitado su acceso a un campamento de verano por su discapacidad, se produce una situación de discriminación y una vulneración de derechos recogidos en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad”, señala Marta Núñez, profesional del área Jurídica de COGAMI. “Es necesario adoptar las medidas que garanticen que las niñas y niños con discapacidad puedan acceder a los campamentos y a cualquier otra actividad de ocio en igualdad de condiciones que el resto de la infancia. El ocio inclusivo no debe ser una excepción, sino una realidad accesible para todas las personas”, concluye.

El ocio inclusivo también pasa por las playas

Si para muchas familias encontrar un campamento inclusivo sigue siendo un reto, el acceso a otros espacios de ocio propios del verano, como las playas, también continúa presentando importantes barreras para muchas personas con discapacidad.

"Vamos a la playa, oh, oh, oh". Esta es una de las canciones que suele venir a la mente cuando comienza la temporada estival, especialmente entre las generaciones más veteranas. Sin embargo, lo que para miles de personas es una actividad tan sencilla como acercarse al mar y disfrutar de una jornada de playa, para otras se convierte en un auténtico desafío.

Las personas con movilidad reducida no solo tienen que consultar la previsión meteorológica o el estado del mar antes de salir de casa. También necesitan comprobar si la playa dispone de accesos adaptados, zonas de sombra accesibles, plazas de aparcamiento reservadas, aseos adaptados, duchas accesibles o productos de apoyo como las sillas anfibias. En muchos casos, la ausencia de estos recursos se traduce en una limitación real para poder acceder y disfrutar del arenal en igualdad de condiciones.

"¿Nos imaginamos por un momento encontrar una señal que nos prohibiera el paso a la playa? Esa es la sensación que experimentan con frecuencia las personas usuarias de silla de ruedas o de muletas cuando llegan a un arenal que no reúne las condiciones mínimas de accesibilidad", explica Diego Piñeiro, especialista en Accesibilidad de COGAMI. "Si no existen pasarelas adaptadas o sillas anfibias, el acceso a la playa y al baño queda, en la práctica, vetado".

En los últimos años se han dado pasos importantes para mejorar esta situación. "En Galicia se están implantando zonas de sombra accesibles en playas de municipios como Baiona, Viveiro o Porto do Son, que se suman a las ya existentes en ayuntamientos como Carballo y Sanxenxo. Se trata de una medida que lleva años funcionando con éxito en diferentes puntos de las islas Canarias y de la costa mediterránea", destaca Piñeiro.

Estas áreas permiten que las personas con movilidad reducida puedan permanecer protegidas de la exposición directa al sol, al tiempo que disponen de un acceso cómodo y seguro mediante itinerarios accesibles conectados con los paseos marítimos. No obstante, desde COGAMI insisten en que la accesibilidad de las playas debe entenderse de manera integral. "No basta con instalar una pasarela o una silla anfibia. Es necesario garantizar toda la cadena de accesibilidad, desde el transporte público y las plazas de aparcamiento reservadas hasta los servicios de apoyo, los aseos, las duchas y los recorridos adaptados", añade Diego.

Porque el derecho al ocio no debería depender de las capacidades de cada persona ni de su edad. Tanto en los campamentos de verano como en las playas, la inclusión debe ser una realidad que permita a todas las personas participar, compartir y disfrutar de su tiempo libre en igualdad de oportunidades.

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