A los 24 años, Alfredo Saborido experimentó en primera persona cómo afecta la enfermedad renal crónica. Tuvo que entrar en el proceso de diálisis porque sus riñones dejaron de funcionar. El cambio de vida fue drástico y, como él mismo explica, pasó por diferentes fases: "el proceso de duelo de la aceptación de la enfermedad, el hecho de convivir con un catéter en el abdomen o algo tan básico como no poder beber cuando tienes sed".
Tenía miedo, mucho miedo. Cuando le dijeron que había un riñón esperándolo. "Le tenía pánico a la anestesia", confiesa, pero lo superó. Para Alfredo, recibir un riñón también fue una oportunidad para reenfocar su vida, dedicándose al trabajo social, a la sexología y, actualmente, retomando su incursión en la interpretación, una afición que tuvo que aparcar cuando llegó la enfermedad.
Siempre ha estado vinculado al movimiento asociativo: "Creo en la base social del tercer sector, en su fuerza y en la representación de la realidad". Formó parte de diferentes plataformas que luchan por la igualdad de derechos de las personas como el movimiento LGTBI y, tras su proceso con una patología crónica, en 2013 pasó a formar parte de Alcer Coruña, entidad de la que actualmente es coordinador y vicepresidente. "Cada vez existen más espacios donde las entidades tenemos representación, pero la brecha entre lo social y lo sanitario sigue siendo un reto pendiente", reivindica Alfredo, convencido de que la acción social es clave para el cambio.